VOLVIO ALBERTO CORTEZ
 
 

 
 
 
 
 


 
Volvió Alberto Cortez para hacernos sentir que en medio del dolor prevalece la ternura
 
 


Por: Manuel Tiberio Bermúdez

 

 
 

 

 
  Con un aplauso cerrado, emocionado y cariñoso, el público que asistió al Teatro Jorge Isaacs, el pasado 19 de octubre, recibió al cantor Alberto Cortez a su regreso a Cali.

Sobre el escenario, con su sonrisa de hombre bueno, y que destacaba más el negro de su vestimenta, recibió con emoción ese homenaje de un publico que le es fiel, y que espera paciente, esas a veces, largas ausencias del poeta cantor.

Con una cuantas canas de más, polvo de tiempo y caminos recorridos sobre su cabeza, el poeta llegó a Cali para cumplirnos la cita a todos aquellos que amamos la ternura y el amor.

Llegó para decirnos que por encima de la fría realidad que nos golpea desde todas las esquinas del odio, prevalece el mensaje de las palabras tiernas, querendonas y esperanzadoras.

Llegó para traernos su mensaje de amistad y de ilusión enredado en las letras, que ya hicimos nuestras, de sus canciones que amamos y tarareamos en los noches de vino y de romance.

Afuera del Teatro Jorge Isaacs, en esa desesperanzadora realidad que nos envuelve, dejamos durante dos horas, la crudeza de la guerra, el desencanto, la maldad de los malos, el sonido de los tiros que se cruzan desde todas las esquinas de las ideologías matando la esperanza y nos refugiamos en la calidez de la voz de Cortez, en la belleza de sus canciones que nos cuentan historias de amor y de esperanza y nos dejamos llevar por los caminos de la ilusión.

Cantó como siempre lo hace, con entrega, con ternura, con el corazón puesto en cada interpretación para que quienes estábamos al otro lado de las luces, en la penumbra, vibráramos ante su propuesta hecha canto y nos emocionaramos hasta los suspiros sentimentales. Y nosotros lo aplaudimos hasta el cansancio, porque se le merece, porque sí, porque nos da la gana, porque nos emocionamos con cada verso, con cada canción porque siempre nos convoca a la vida con sus himnos que ya son nuestro patrimonio de emociones.

Durante el concierto Cortez rememoró y homenajeó a sus amigos caleños, entre ellos a Álvaro Bejarano, quien llegó al Teatro golpeado por la traicionera enfermedad que le aqueja pero que no lo ha vencido, a aplaudir a su amigo de muchas noches de vino y largas charlas.

"Mi padre y yo lo plantamos en el limite del patio" esas primeras frases nos emocionan, aplaudimos y volvemos al silencio para dejarnos llevar de su vozarrón hecho dulzura.

Nos contó que tenía una deuda con su alma, esa alma "que viene empujando la vela de mi barca" y por eso le había hecho una canción: "alma mía como pesan en tus alas las ausencias" empezó cantando para emocionarnos, "alma mía que daría por volver a verte libre" cantaba conmovido.

Y le volvimos a aplaudir para darle ánimo para decirle que estábamos allí agradeciendo sus mensajes. También el poeta Alberto Cortez nos dijo frases que son como palmaditas de solidaridad: elogió nuestro Teatro por su belleza, y animó a la Dra. Maria Victoria de Cruz para que siguiera adelante, que conservara ese refugio del arte, "no lo pierdas nunca - le dijo- porque un Teatro es el Corazón de una ciudad".

Luego Cortez nos recordó aquello de que "nunca estamos conformes del quehacer de los demás y vivimos a solas sin pensar en los demás, como lobos hambrientos acechando a los demás, convencidos que son nuestro alimento los demás", un pequeño recorderis para que seamos más tolerantes, más humanos.

Y así, lentamente, canción tras canción, título tras título, aquellos que forman parte de nuestro arsenal de solicitudes al cantor, nos fue llevando por ese mundo hermoso de lo tierno, lo sencillo, lo bueno, lo apacible.

Nos obsequió dos horas de hermosas canciones, unas nuevas que le coqueteaban a nuestra aceptación y las otras ya amadas, aprendidas y cantadas por nosotros.

Nos emocionamos cuando nos cantó: "Cuando regrese, yo sé que no colgaré la ropa, ni los cansados zapatos en la casa familiar. Estaré sólo unos días o talvez algunas horas que viviré intensamente y me tendré que marchar".

Hicimos coro para cantar en su compañía " a mis amigos les adeudo la ternura y las palabras de aliento y el abrazo, el compartir con todos ellos la factura que nos presenta la vida paso a paso".

Y nos despedimos del cantor. Con nuestros aplausos le dijimos que por aquí lo esperábamos, que en otra oportunidad, si la vida nos daba permiso, nos volveríamos a encontrar para que con sus canciones nos recordara que en medio del dolor prevalece la ternura.

 
 
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